Hace unos
siete u ocho años, empecé a notar que mi columna se estaba volviendo rígida. Era una sensación que de forma progresiva se iba
apoderando de todo mi cuerpo. Eso fue lo que me llevó a probar el método pilates con máquinas. Me informé y tuve la suerte de
encontrar un centro en mi barrio dirigido por fisioterapeutas especializados en este tipo de rehabilitación.
El ejercicio
con estas máquinas ayuda a mejorar la flexibilidad y
la postura, al tiempo que fortalece el cuerpo.
Lo mejor, para mí, es muy divertido. Creo que es
ideal para las personas a las que no les gusta demasiado el deporte. Los muelles guían y facilitan el movimiento.
Al principio,
el mayor beneficio que obtuve fue un mejor descanso durante la noche. El
cansancio físico, con el que no estaba familiarizada, me hacía dormir muy bien.
Por otro lado, los entrenamientos subían mi estado de ánimo. Entiendo que tenga
tantos adeptos.
En las
sesiones de rehabilitación tradicionales nunca sentí que mi cuerpo trabajara de
forma completa, con el método pilates, sí. De hecho, mis ejercicios favoritos
son los que incluyen los brazos. Nunca antes había ejercitado mis dos
extremidades superiores a la vez.
En las
hemiplejias es muy común centrarse de forma aislada en distintos segmentos
corporales. Con las máquinas de pilates se trabaja todo el cuerpo de manera
equilibrada. Se centra sobre todo en el fortalecimiento de los músculos abdominales, muy importante para el equilibrio; lumbares; glúteos; piernas y brazos.
Pero, no solo
se entrena la fuerza, también la coordinación,
conlleva una mayor conciencia corporal. Por
ejemplo, gracias a pilates, he sido consciente de que mi hombro derecho tiende
a subir y adelantarse. Nunca antes me había fijado. Ahora que lo sé y lo noto,
puedo corregir voluntariamente esta mala postura.
La clave está
en sentir nuestro cuerpo y estar pendientes de la posición y los movimientos,
por ínfimos que sean.