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Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.

domingo, 13 de noviembre de 2022

¿QUÉ CALZADO ME PONGO?



Esta es una pregunta que nos hacemos cuando conseguimos volver a caminar. Encontrar el zapato adecuado marca la diferencia entre sentirse cómodo con el pie bien sujeto o añadir una inestabilidad que empeora la marcha. Una cosa es cojear y otra sentirse inseguro por culpa del calzado. De la estética, mejor no hablamos. Parece que si estás cojo no te preocupas por esas cosas. Hoy en día, afortunadamente, hay una gran variedad de calzado plano con suela flexible. Podemos encontrar botas, botines, zapatos, incluso sandalias; pero en 1988 no era fácil, por no decir que era imposible, encontrar algo con las características que yo necesitaba. Por tanto, durante un tiempo solo utilicé deportivas. Aunque parezca una buena opción, para mí no lo fue. A la larga empecé a sufrir molestias, sobre todo en el dedo gordo (hallux). Supongo que la espasticidad ocasionó que ejerciera demasiada fuerza sobre la punta del pie y se me formaba un callo debajo de la uña que me tenían que quitar periódicamente.

Los problemas con los pies van a peor con los años. Nadie te dice que tienes que estar muy pendiente de ellos. Ahora sé que es algo obvio, pero antes ni siquiera lo consideré. En la actualidad, los hidrato y masajeo cada día después de la ducha y aún así, no dejan de aparecer complicaciones.

Al principio, el único cuidado que les daba era ir al podólogo para que me quitara el callo bajo la uña. Solía tardar meses o incluso años en volver a aparecer. Últimamente las cosas han empeorado. Han aparecido molestias nuevas; por ejemplo, los dedos en garra en el pie afecto. Nadie me previno sobre este problema, que parece bastante común.

Por otro lado, el sobrecargar el lado derecho y llevar tantos años apoyando mal sobre ese pie también me está dando problemas. Hoy es una de mis mayores preocupaciones, mucho más que la falta de movilidad, porque lo peor es cuando aparecen dolores que dificultan el día a día. Es una molestia que aparece en el pie “bueno” cuando llevo un tiempo andando. Unas veces a las dos horas, y otras cuando apenas han pasado treinta minutos. Lo que empezó como una pequeña incomodidad bajo los dedos se ha convertido en un dolor intenso y a veces casi insoportable. Al principio se me quitaba cuando me sentaba, pero ahora me puede durar varias horas. Esta nueva situación me tiene minada la moral porque añade nuevas limitaciones y me agobia bastante.

Este es mi reto actual, intentar apoyarme más en mi lado izquierdo para que el derecho no sufra tanto.

  

LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS: NUESTRO DISCURSO INTERNO

  Hoy os traigo un reto: observar  cómo os habláis. Cómo os veis. Es importante prestar atención a los mensajes que nos enviamos. Nuestro di...