Envejecer no es fácil, pero cuando tienes una diversidad funcional, se complica. No es algo que me haya obsesionado a lo largo de mi vida. No pensé que pasaría de los 40, pero cuando llegaron me sentía joven y plena, más de lo que nunca antes me había sentido y eso a pesar de “la hemi”.
Los 50 ya trajeron
cambios. No me notaba tan fuerte, pero tampoco mayor. Los llevé lo mejor que
pude.
Voy a cumplir 64 ¿quién
me lo iba a decir? Estos últimos años no
han sido fáciles, mi cuerpo no me responde como antes. No sé si objetivamente
se puede apreciar, pero es como una carga de la que tengo que tirar y, a veces,
pesa mucho.
Me digo cada día que la edad es solo un número y la hemiplejia lleva conmigo casi
toda mi vida. Sin embargo, empiezo a notar las consecuencias
de todo este tiempo sobrecargando mi lado derecho. Lamento no haberme esforzado
más para prevenir.
Aún así, me mantengo bastante
más activa que cuando era más joven, hago rehabilitación y Pilates máquinas. La
fisioterapia tradicional la había descartado, pero la he retomado porque soy
consciente de su importancia. También, he establecido una rutina diaria
para intentar compensar la cantidad de
años vividos mirando hacia otro lado.
Me acostumbré demasiado
pronto a mi nuevo estado, a vivir a otro ritmo. Cuando conseguí la autonomía
que consideré imprescindible para mí, obvié mi nueva condición.
No quería saber nada de médicos, revisiones, centros de salud, todo eso lo
expulsé tan lejos como me fue posible. Solo anhelaba la “normalidad”
y así he pretendido vivir. Ha sido fácil porque no siento mucho apego a lo físico. De hecho, siempre me he percibido
diferente, como si mi cuerpo y yo no tuviéramos mucho que ver.
He conocido personas que
desde que se enfrentaron a una hemiplejia focalizaron en ella toda su vida. Los
resultados son increíbles. Se centran única y exclusivamente
en su recuperación. Nunca ha sido ese mi caso.
Como ya os he dicho otras
veces, no miréis hacia otro lado, no os ignoréis. Se puede conseguir mucho con constancia y trabajo diario.
¿Para qué quiero pies para andar si tengo alas para
volar?
Frida Kalo