Seguidores

Vistas de página en total

Gracias por visitar mi blog

Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.

viernes, 23 de enero de 2026

MI PRIMER DÍA EN EL HOSPITAL

 


La tarde del 17 de septiembre de 1987, ingresé en Ramón y Cajal. Mi contacto con los hospitales, hasta ese momento, había sido nulo. A la edad en que otras niñas deseaban ser enfermeras, yo jamás había dicho algo así. Nunca quise tener nada que ver con el mundo sanitario.

Mi primera habitación estaba ubicada en la planta de traumatología, la de neurología estaba llena. Había dos personas más, Victoria y Paquita. A Victoria le estaban realizando pruebas por un problema en un ojo. Paquita padecía Parkinson juvenil. Tenía treinta y pocos años. Victoria fue mi guía en las primeras horas, me enseñó los trucos que me harían la vida más fácil allí dentro. Paquita apenas se levantaba.

Yo estaba a punto de recibir la primera lección. Por la mañana, cuando nos despertamos, nos sirvieron el desayuno. Victoria y yo nos sentamos a los pies de nuestra cama, de donde salía una mesa para comer. Apenas estábamos empezando cuando la puerta se abrió. Un celador y una auxiliar entraron y nos preguntaron si nos importaba que lavaran a Paquita mientras nosotras desayunábamos. Victoria, con la mayor naturalidad dijo que no, por supuesto, que pasaran. Yo apenas pude negar con la cabeza. Agradecí que mi cama estuviera en el otro extremo, junto a la ventana. Estaba impactada, intenté tragarme las lágrimas mientras mi voz interior me insultaba por esa reacción. Miré al exterior, a ninguna parte, porque lo que realmente veía era mi conducta pueril.

Aquello quizá me preparó para lo que estaba por venir. En menos de un mes yo sería como Paquita. Estaría en la cama y tendrían que lavarme cada mañana. Cada vez que recuerdo aquella escena, me conmuevo, igual que en aquel momento.

Para los sanitarios, el cuerpo humano es su trabajo. Los que somos ajenos a ese mundo tenemos que vencer esa barrera, se consigue, es cierto. Lo hacen fácil, natural, lo sé. Estaba a punto de descubrirlo.

Dedico este post a los celadores y auxiliares que me cuidaron cada  día con tanto amor, que me enseñaron que no es humillante que nos tengan que lavar, al revés, sentirnos limpios en esas situaciones aumenta nuestro bienestar. Gracias a todos. Quiero hacer una mención especial al celador, en aquellos años un muchacho, que en su primer día de trabajo y al verme tan joven como era él no fue capaz de acercarse a mí. Seguro que, igual que yo, lo superó.

LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS: NUESTRO DISCURSO INTERNO

  Hoy os traigo un reto: observar  cómo os habláis. Cómo os veis. Es importante prestar atención a los mensajes que nos enviamos. Nuestro di...