Esta es una pregunta que nos hacemos cuando conseguimos volver a caminar. Encontrar el zapato adecuado marca la diferencia entre sentirse cómodo con el pie bien sujeto o añadir una inestabilidad que empeora la marcha. Una cosa es cojear y otra sentirse inseguro por culpa del calzado. De la estética, mejor no hablamos. Parece que si estás cojo no te preocupas por esas cosas. Hoy en día, afortunadamente, hay una gran variedad de calzado plano con suela flexible. Podemos encontrar botas, botines, zapatos, incluso sandalias; pero en 1988 no era fácil, por no decir que era imposible, encontrar algo con las características que yo necesitaba. Por tanto, durante un tiempo solo utilicé deportivas. Aunque parezca una buena opción, para mí no lo fue. A la larga empecé a sufrir molestias, sobre todo en el dedo gordo (hallux). Supongo que la espasticidad ocasionó que ejerciera demasiada fuerza sobre la punta del pie y se me formaba un callo debajo de la uña que me tenían que quitar periódicamente.
Los problemas con los pies van a peor con los años. Nadie te
dice que tienes que estar muy pendiente de ellos. Ahora sé que es algo obvio,
pero antes ni siquiera lo consideré. En la actualidad, los hidrato y masajeo
cada día después de la ducha y aún así, no dejan de aparecer complicaciones.
Al principio, el único cuidado que les daba era ir al podólogo
para que me quitara el callo bajo la uña. Solía tardar meses o incluso años en
volver a aparecer. Últimamente las cosas han empeorado. Han aparecido molestias
nuevas; por ejemplo, los dedos en garra en
el pie afecto. Nadie me previno sobre este problema, que parece bastante común.
Por otro lado, el sobrecargar el lado derecho y llevar tantos
años apoyando mal sobre ese pie también me está dando problemas. Hoy es una de mis mayores preocupaciones, mucho más que la falta de movilidad,
porque lo peor es cuando aparecen dolores que
dificultan el día a día. Es una molestia que aparece en el pie “bueno” cuando
llevo un tiempo andando. Unas veces a las dos horas, y otras cuando apenas han
pasado treinta minutos. Lo que empezó como una pequeña incomodidad bajo los
dedos se ha convertido en un dolor intenso y a veces casi insoportable. Al
principio se me quitaba cuando me sentaba, pero ahora me puede durar varias
horas. Esta nueva situación me tiene minada la moral porque añade nuevas
limitaciones y me agobia bastante.
Este es mi reto actual, intentar apoyarme más en mi lado
izquierdo para que el derecho no sufra tanto.