El cuidado de nuestra salud mental es algo prioritario en cualquier situación, pero cuando nos enfrentamos a una experiencia dramática, mucho más. Es muy fácil caer en el desánimo y abandonarnos. Cuando estaba en el hospital “estrenando” mi hemiplejia, me ofrecieron ayuda psicológica y la rechacé. No entiendo por qué. Es algo de lo que siempre me he arrepentido. Podía haber buscado ayuda después, pero tampoco lo hice. Por lo tanto, puedo decir que lo he gestionado sola, lo hemos gestionado solos JA y yo. Os aseguro que no es fácil. Nunca lo ha sido. Podríamos haberlo hecho mejor. Creo que siempre pensé que soy más fuerte de lo que realmente soy.
Al principio, fui más enérgica que ahora. Cuando somos jóvenes
podemos con casi todo, yo pude. Recuerdo que en una de las entradas de este
blog os decía que cuando se es más mayor se está más preparado para las
adversidades, ahora me corrijo. No creo que esa afirmación sea correcta. Los
años nos hacen más vulnerables, más débiles, al menos, esto es lo que pienso
ahora.
Nunca creí necesario ocuparme de mi salud mental porque me sentía
entera anímicamente. En este momento, ya no me siento así. Sí, perdonadme, os
prometí una visión positiva y últimamente me cuesta trabajo tenerla. Me siento
decepcionada porque creo que podría haber hecho mucho para prevenir mi estado
actual, no quiero que os pase lo mismo. Si aún sois jóvenes preparaos para
envejecer fuertes y en el mejor estado posible. Creo que se puede conseguir. No
hagáis lo mismo que yo he hecho. No miréis hacia otro lado. Cuidad vuestros
músculos y huesos con una vida lo más activa posible. Cuanto más fuertes
lleguéis a los sesenta, mejor empezaréis esta etapa en la que yo siento que las
fuerzas me abandonan. Estoy cansada, dolorida, inestable, es como si mi estado
se estuviera desmoronando. No sé si todavía podré hacer algo para revertir la
situación en la que ahora me encuentro. Lo estoy intentando, pero estoy tan
harta de lidiar con todo esto que a veces me gustaría tirar la toalla. Hay días
mejores en los que pienso que tengo que seguir adelante, como siempre he hecho.
Sin embargo, antes confiaba en mejorar, aunque solo fuera un poquito, ahora mi
objetivo es no empeorar, con eso me conformo. Las prioridades cambian. Ya no me
importa la hemiplejia, ahora solo quiero seguir viviendo con ella.