Las caídas son algo frecuente cuando tienes una hemiplejia. Me ha pasado innumerables veces. No es nada agradable y entrañan un riesgo, pero son “inevitables”. Si te mueves, antes o después, acabas en el suelo. Por mucho cuidado que tengamos, siempre habrá algún despiste o tropezón. Le pasa a todo el mundo, incluso sin ningún problema de movilidad. Mi media está en una al año. Me han pasado cosas tan curiosas como caerme dos años seguidos en la misma fecha.
La última vez fue hace apenas un par
de meses, perdí el equilibrio bajando las escaleras de casa. Me quedé sentada
en un escalón. La vez anterior estaba en la calle paseando con mi perra y al
subir un bordillo tropecé. Lo malo fue que no fui capaz de levantarme del
suelo. Un chico que estaba aparcando su coche me ayudó. La sensación de
tristeza que tuve fue enorme porque era la primera vez que necesitaba que alguien me
levantara. Me hice consciente de mi situación actual. Al día siguiente dudé en
salir a dar mi paseo habitual. Al final, me sobrepuse al miedo y decidí no
pensar en ello. Eso sí, aumenté mi cautela. Lo peor es lo malparado que sale mi
amor propio de esas situaciones. Estuve semanas sintiéndome fatal cada vez que
lo pensaba.
Dediqué mucho tiempo a buscar en internet formas de levantarse tras una caída, pero parece que siempre es necesaria una silla o algo para apoyarse. Si tenéis algún truco para situaciones parecidas, por favor, contádmelo. Mientras tanto confiaré en que siempre haya alguien cerca para tenderme su mano.
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