La
desesperación nos hizo buscar soluciones en otras partes. Tras mucho preguntar,
mi fisioterapeuta me habló del Centro Bobath en
Londres. Él mismo escribió la carta y el informe que envié para pedir una cita.
Pasamos allí
dos semanas. Nos alojamos en un pequeño hotel en Hampstead. Cada día iba
caminando hasta el centro de rehabilitación, tardaba más de media hora, pero el
paseo por ese barrio residencial era muy agradable.
Desde el
principio, se notaba que trabajaban de una forma diferente. Me dijeron que el límite
establecido para la recuperación no se ajustaba a la verdad. En sus años de
experiencia habían conocido personas que habían recuperado movilidad hasta diez
años después del origen de la lesión. Reconozco que, aunque no estoy de acuerdo
con todo, es mi método predilecto. Siempre que he encontrado un profesional
especializado en este sistema, mi recuperación ha dado un paso adelante.
Estaré
eternamente agradecida a mi primer fisioterapeuta en el hospital Ramón y Cajal:
Victorino de la Fuente, era de las pocas personas
especializadas en rehabilitación neurológica en aquel momento y lugar. Me
preparó para adquirir una autonomía que no habría
sido posible si en aquella primera etapa no me hubiera tratado él. Si hubiera
tenido la misma suerte en terapia ocupacional, mi brazo y mano estarían mucho
mejor, estoy convencida. Hasta bastantes años después no encontré a nadie
equiparable.
Sé que ahora
los métodos han cambiado, se da mucha importancia al ejercicio físico.
A mí, me decían que no se debía hacer fuerza, que eso aumentaba la espasticidad. Pero, desde mi perspectiva actual, creo que
el entrenamiento físico mejora la musculatura y eso es esencial. Lo ideal es
combinar diferentes procedimientos y adaptarlos a cada paciente.
Aquello fue
toda una experiencia y, aunque dos semanas no sirven de mucho, me enseñaron
bastantes ejercicios para realizar en casa y pude disfrutar de esa fascinante
ciudad así como de sus magníficos museos.
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