Os voy a
contar una lección que me ha costado mucho tiempo aprender y no entiendo por
qué, ahora me parece muy obvia. En estos últimos años, quizá por necesidad, me
he preparado para no depender tanto de la ayuda externa.
Sé que
siempre necesitaré a mi lado profesionales que guíen mi rehabilitación, eso no
lo cuestiono. Pero todos tenemos al mejor fisioterapeuta y nos acompaña las
veinticuatro horas del día. Sí, imagino que ya sabéis de quien se trata,
nuestro mejor fisio somos nosotros
mismos. Nadie nos moverá la mano afecta mejor que nuestra mano hábil.
Me he pasado
la vida quejándome porque nadie movilizaba mi extremidad superior izquierda y
no sé cómo pude pasar por alto que mi otra mano estaba ahí. Era capaz de estirar mis dedos, enderezar mi muñeca,
ayudarla a rotar, movilizar cada falange con la mayor destreza, porque sabía exactamente hasta
dónde podía llegar sin hacer daño.
Si hay una
parte de mi cuerpo de la que me siento orgullosa, esa es mi mano derecha.
Es incansable, diligente, es mi heroína. Mi mano
izquierda se deja activar y se relaja porque confía plenamente en su compañera.
Somos un equipo trabajando juntos.
Ya lo sabéis,
no dejéis pasar un solo día sin recibir la terapia que tanto necesitáis. La
tenéis ahí, al alcance de vuestra mano. Ánimo.
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