Si tienes una hemiplejia, una de las cosas con las que tendrás que aprender a vivir son las miradas. Actos naturales, reflejos,… En muchas ocasiones, la persona que mira ni siquiera es consciente, ni sabe el daño que puede ocasionar, pero ¿no resultaría absurdo culpar a alguien por ello?
Al principio, la sensación que tenía era como de vergüenza. Como
si cojear o no mover mi brazo izquierdo fuera algo bochornoso. En esos momentos
de inseguridad una mirada me destrozaba, pero no debemos olvidar que todos
miramos lo que nos parece diferente y los motivos pueden ser muchos y no
siempre negativos.
Cuando mi hijo era pequeño se sentía bastante molesto con este
tema, quizá él notaba cuanto me dolía y encontró la manera de solucionarlo y
protegerme. Cuando percibía que se fijaban en mí, se ponía a hacer el tonto y
automáticamente captaba la atención y se centraban en él. Era su manera de
“salvarme” del dolor que aquello me producía. Mi objetivo en aquellos momentos
era que no se sintiera mal e intentaba explicarle que no me importaba, que yo
entendía que eso fuera así.
Me he pasado años buscando argumentos para que me afectara menos,
hasta que fui consciente de que yo no puedo controlar lo que hacen otras
personas, ni si me miran o no. Sin embargo, lo que sí puedo hacer es asumirme
tal y como soy. La hemiplejia forma parte de mí, esa es mi realidad y por mucho
que me empeñe en pasar desapercibida, por mucho que intente que los demás no
reparen en mí, tengo que reconocerme y quererme así y cuando eso pasa ya nada
nos afecta y la opinión externa no nos importará. Hoy puedo decir que me siento
conforme con la persona que soy y sí, sería muy diferente sin haber vivido lo
que viví, pero no mejor, o no necesariamente. Nunca sabré como habría sido sin
una hemiplejia, pero hace tiempo que decidí no volver a preguntármelo. Esta es
la vida que tengo y no la cambiaría por ninguna otra.
Cuando estoy en un centro comercial con mis amigas, o en un
restaurante, o en cualquier otra parte y noto los ojos de otros observándome,
lo que pienso es que eso ocurre porque estoy ahí, como cualquiera, haciendo lo
mismo que hacen los demás y si estuviera metida en casa estaría a salvo de
miradas curiosas, sí, pero no viviendo la "normalidad" por la que
siempre he luchado.