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Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.
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lunes, 2 de enero de 2023

LAS MIRADAS

 

 

 


Si tienes una hemiplejia, una de las cosas con las que tendrás que aprender a vivir son las miradas. Actos naturales, reflejos,… En muchas ocasiones, la persona que mira ni siquiera es consciente, ni sabe el daño que puede ocasionar, pero ¿no resultaría absurdo culpar a alguien por ello?

Al principio, la sensación que tenía era como de vergüenza. Como si cojear o no mover mi brazo izquierdo fuera algo bochornoso. En esos momentos de inseguridad una mirada me destrozaba, pero no debemos olvidar que todos miramos lo que nos parece diferente y los motivos pueden ser muchos y no siempre negativos. 

Cuando mi hijo era pequeño se sentía bastante molesto con este tema, quizá él notaba cuanto me dolía y encontró la manera de solucionarlo y protegerme. Cuando percibía que se fijaban en mí, se ponía a hacer el tonto y automáticamente captaba la atención y se centraban en él. Era su manera de “salvarme” del dolor que aquello me producía. Mi objetivo en aquellos momentos era que no se sintiera mal e intentaba explicarle que no me importaba, que yo entendía que eso fuera así.

Me he pasado años buscando argumentos para que me afectara menos, hasta que fui consciente de que yo no puedo controlar lo que hacen otras personas, ni si me miran o no. Sin embargo, lo que sí puedo hacer es asumirme tal y como soy. La hemiplejia forma parte de mí, esa es mi realidad y por mucho que me empeñe en pasar desapercibida, por mucho que intente que los demás no reparen en mí, tengo que reconocerme y quererme así y cuando eso pasa ya nada nos afecta y la opinión externa no nos importará. Hoy puedo decir que me siento conforme con la persona que soy y sí, sería muy diferente sin haber vivido lo que viví, pero no mejor, o no necesariamente. Nunca sabré como habría sido sin una hemiplejia, pero hace tiempo que decidí no volver a preguntármelo. Esta es la vida que tengo y no la cambiaría por ninguna otra.

Cuando estoy en un centro comercial con mis amigas, o en un restaurante, o en cualquier otra parte y noto los ojos de otros observándome, lo que pienso es que eso ocurre porque estoy ahí, como cualquiera, haciendo lo mismo que hacen los demás y si estuviera metida en casa estaría a salvo de miradas curiosas, sí, pero no viviendo la "normalidad" por la que siempre he luchado.

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