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Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.
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miércoles, 24 de mayo de 2023

LA ESPASTICIDAD, NUESTRA PESADILLA

 

 

La primera fase de una hemiplejia es de flacidez y no fui consciente hasta que lo viví. Cuando veía a otras personas en mi situación, pero con espasticidad, siempre pensaba que a mí no me pasaría.

La etapa de flacidez es desconcertante, el mapa mental de nuestro cuerpo cambia y el lado afecto nos resulta ajeno. A veces, sentía un picor en la pierna y cuando me rascaba notaba que no era ahí donde me picaba; podía ser en cualquier otra parte, incluso en el brazo y tardaba un rato en encontrar el origen del cosquilleo

Por otro lado, llevar un brazo colgando puede resultar más natural que uno espástico, pero es muy incómodo; sin mencionar que el hombro se descuelga. Mi hombro no volvió a su sitio hasta que comenzó la espasticidad. Una vez estaba durmiendo y al despertar no sabía dónde estaba mi brazo. Estaba de lado y se había quedado por detrás de mí. Todas estas sensaciones que describo nadie nos las cuenta. Las vamos descubriendo poco a poco. Es como habitar en un cuerpo que ya no es el nuestro, pero tener que aprender a reconocerlo.

Sería fabuloso poder controlar la espasticidad, seguro que con mucho entrenamiento es posible, no hay que desanimarse. Requiere mucha concentración y relajación mental. Para mí, lo peor es que la percibo como algo que delata mi estado anímico. Si estoy bien y relajada, la controlo. Me suele pasar cuando estoy en casa. Si estoy nerviosa o enfadada, ella me controla a mí. Cuanto más nerviosa me siento por ello, más reacciona mi brazo. Es un círculo vicioso. Si me enfado, mi brazo se retuerce. Si me emociono, mi brazo se retuerce. Si estoy nerviosa, mi brazo se retuerce, si algo me asusta, mi brazo se retuerce. El resultado siempre es el mismo. Mi brazo doblado y en rotación interna. Aquí entra en juego de nuevo la paciencia, nuestra gran amiga. Hay que respirar de forma profunda y decirnos que no pasa nada, todo está bien. Si el brazo se quiere doblar, que se doble. Pienso que es un rebelde y siempre hace lo contrario de lo que yo quiero. Habrá que darle libertad y amar esa parte de nosotros que aunque a veces nos incomode, o nos haga bromas enviando señales equívocas a nuestro cerebro, está ahí, es nuestra. Recuerdo que en una entrevista de trabajo el entrevistador me dijo que era como no tener brazo y yo me callé. No le respondí. Hoy le habría dicho que no es como no tener brazo. Lo tengo y está aquí conmigo. Dándome guerra. Recordándome cada día que tengo que quererlo e intentar sacar lo mejor de él. No he conseguido mucho, lo sé, pero cada pequeño paso hacia delante es una gran victoria y en los últimos años he logrado algunas. Puedo abrir las puertas, el grifo del lavabo, sujetar la correa de mi perra, no es mucho. Pero hace un tiempo no podía hacer nada de ello ¿Quién sabe lo que lograré en el futuro?

Mi objetivo es de los difíciles, pero es una gran meta que me hace levantarme cada mañana.

LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS: NUESTRO DISCURSO INTERNO

  Hoy os traigo un reto: observar  cómo os habláis. Cómo os veis. Es importante prestar atención a los mensajes que nos enviamos. Nuestro di...