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Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.
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miércoles, 6 de marzo de 2024

CÓMO EMPEZÓ ESTA PESADILLA

 


La primera vez que percibí que algo no iba bien fue un par de años antes de la operación. Sentí que la parte superior de mi pierna izquierda se acorchaba. No era la sensación de pierna dormida, eso puede ser normal. Era diferente, extraño y casi aterrador. Intenté no darle importancia, no lo comenté con nadie, pero de alguna manera supe que había un problema.

No recuerdo la segunda vez, pudieron transcurrir meses, no lo sé. A partir del primer síntoma empecé a tener sueños raros. Me despertaba en mitad de la noche obsesionada porque no tenía pelo. Llevaba mis manos a la nuca para notar mi melena. Otras veces, sentía la misma sensación de acorchamiento en la pierna y empecé a pensar que en el cole nos habían enseñado que las funciones del cerebro están cruzadas, por tanto a mí debía pasarme algo en el lado derecho. Se convirtió en una obsesión nocturna.  

El tiempo fue pasando. Un día, andando por la calle, volví a sentir mi pierna dormida. Esta vez, esa percepción llegó hasta la cadera. A continuación, lo noté en el brazo izquierdo y luego en la boca. No eran imaginaciones mías. A partir de ese momento, empezó a sucederme con más frecuencia. Fui al médico. Me dijo que eran jaquecas típicas, aunque no me doliera la cabeza. Me hicieron una radiografía, que “afirmó” que no había nada. Como ya había ido a urgencias alguna vez y tenía programado un escáner, me dijo que me lo hiciera, pero que no me pasaba nada. Yo sabía que no era cierto.

El escáner confirmó que tenía una malformación vascular en el parietal derecho. Cuando vieron el resultado me ingresaron. Había que operar, sí o sí. No había otra opción. JA nunca estuvo de acuerdo y lo que ocurrió demostró que tenía razón. Debería haber pedido una segunda opinión, pero no lo hice.

Había un cirujano que en lugar de operar los angiomas, los cauterizaba. Coincidí en el hospital con una joven a la que se lo habían hecho así y estaba perfecta. El azar hizo que en ese momento, el especialista estuviera en Estados Unidos.

Siempre he creído que lo que pasó fue inevitable. Quizá era una experiencia que tenía que vivir y de nada sirve pensar que podía haber sido de otra manera.

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