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Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.
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jueves, 7 de diciembre de 2023

LO MEJOR

 



 
  

Estoy muy agradecida a muchas personas. Todos aquellos que me cuidaron y me mimaron durante esos aciagos meses en el hospital, merecen mi reconocimiento. Algunos hicieron mucho más que su trabajo para lograr que yo saliera adelante. Hoy os voy a hablar de “mi ángel”

La familia Pascual apareció en nuestra vida en el peor momento y lo cambió todo. Unos, hasta ese momento, desconocidos se convirtieron para siempre en nuestra familia. Ellos fueron lo mejor que nos pasó allí dentro. Han estado con nosotros desde entonces. Hemos compartido risas, bautizos, comuniones, bodas, despedidas y llantos. Lo típico, en este tipo de relaciones de largo recorrido

Llegaron precedidos de una auxiliar de enfermería que bajó la persiana de la habitación e insistió en que la paciente que iba a ingresar no soportaba la luz, ni el sonido alto, así que nos recomendaba silencio y oscuridad. JA y yo nos miramos desesperanzados, no podíamos más. Nos fuimos a deambular por los pasillos, no queríamos estar allí.

Lo que parecía que iba a ser otro drama, se convirtió en nuestra alegría, por fin. Toda esa oscuridad y silencio duró, afortunadamente, muy poco. A Elisa la operaron y mejoró rápido y mientras tanto esas personitas maravillosas llenaron la habitación de luz, de amor, de compañía, incluso de risas, muchas risas.

Una mañana, Cirilo, el marido de Elisa, se acercó a mí con timidez. Él veía que yo no comía y me preguntó por qué, después me pidió que intentara tomarme el café con leche, solo eso. Yo, por no decirle que no, obedecí. Al día siguiente, me pidió que comiera una galleta, solo una. A ver qué tal; y así, durante nueve días, hasta que me tomé el desayuno completo. El café con leche y las ocho galletas. Muy a menudo hemos rememorado esta anécdota. Cirilo escribió una poesía contándola, porque él escribe. Ahora, al borde de los cien años, ya ha olvidado casi todo. La última vez que lo vi ya no me recordaba apenas, pero tiene sus poemas metidos en el alma y los recita a todo aquel que quiera escucharlos.

Gracias Cirilo, Elisa, Lucía, Feli, Pepe, José Luis, Eugenio. Gracias a todos, a Marta y Sonia, que eran todavía muy pequeñajas y siempre tenían preguntas que nos ponían a prueba. También a los que llegaron después, gracias por formar parte de nuestro mundo. Elisa y José Luis ya no están físicamente, pero viven en todos nosotros. Muchas gracias.

sábado, 30 de abril de 2022

LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA Y LOS AMIGOS

 

 

No esperéis que todo el mundo a vuestro alrededor esté ahí para animaros. Desde el primer instante sabréis quien está y quién no. Habrá momentos de absoluta soledad y vacío. Pero, los que estén os apoyarán de forma incondicional. 

Yo fui muy afortunada, lo sé. Mi marido siempre estuvo presente y no es fácil. Las enfermeras de mi planta me contaban que no es raro que la pareja se marche. Yo no juzgaría a nadie por ello. ¿Quién sabe cómo reaccionaríamos cualquiera de nosotros si nos pasara algo así? Es imposible saberlo a priori. ¡En nuestro caso éramos tan jóvenes! Mi marido no había cumplido aún los veinticuatro y yo iba a cumplir veintiséis. Fue una prueba dura, durísima.

Imagino que cuando esto ocurre en la tercera edad, aunque no sea más fácil, sí, podemos estar más preparados para las adversidades, pero nosotros no lo estábamos. Nos vimos “obligados” a pasar cuatro meses en la planta de neurocirugía de un hospital, enfrentándonos a situaciones que nos venían muy grandes, demasiado.

Creo que si hubiera sabido con antelación que iba a vivir una experiencia como esa, no lo habría podido resistir. Pero, lo cierto es que esto me ha hecho más fuerte. Sé que el ser humano se adapta a casi cualquier cosa. Podemos con mucho más de lo que imaginamos y es peor pensarlo que vivirlo. Garantizado.

Así que, si alguien está pasando una situación similar que no desespere. La vida nos va enseñando poco a poco a lidiar con todo aquello que pensamos que nunca soportaríamos y por muy duro que sea, siempre habrá alguien a nuestro lado para ayudarnos a seguir. 

Recuerdo el día de nuestro primer aniversario de boda. Un día para celebrar. Vuelvo a ver a JA en aquel pasillo del hospital Ramón y Cajal, diciéndome que levantara la cabeza, que yo seguía siendo yo, aún en esa silla de ruedas. Me dijo que nunca bajara la mirada, nunca. Esta escena siempre ha estado ahí, en mi memoria. Estas palabras son ahora para todos los que estéis viviendo algo similar. Hoy os digo: Esto no es el final.

Es cierto, siempre he sido yo. Cuando iba por la vida a toda prisa y bajaba las escaleras del metro de dos en dos y después, a cámara lenta. Aprendiendo a moverme de nuevo.

 

LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS: NUESTRO DISCURSO INTERNO

  Hoy os traigo un reto: observar  cómo os habláis. Cómo os veis. Es importante prestar atención a los mensajes que nos enviamos. Nuestro di...