¿Alguien se ha hecho esta pregunta alguna vez? Me consta que sí.
Yo vivía obsesionada con ello. No entendía que mi rehabilitación dependiera de
una persona a la que llamaban médico rehabilitador y que
esa persona tuviera en sus manos el futuro de mi recuperación. Al año me
anunció de una forma muy poco empática que aquello había terminado. Eso era
todo lo que iba a conseguir. No había nada más que hacer. Únicamente
conseguiría adaptarme mejor a mi nueva situación.
Me fui de aquella consulta desolada. Me recuerdo en el taxi de
vuelta a casa con un nudo en la garganta y rota, totalmente rota. Sé que me
enfadé con ella, le recriminé la forma tan inhumana con la que me había tratado
durante esos meses. Me acuerdo de su tono burlón cuando me decía: “Cuando es
el abuelito, pobre abuelito y cuando es el joven, ¿qué va ser de él, pobre?
Pero cuanto antes veas la realidad, mejor para ti.”
Sé que le deseé que nunca le ocurriera algo así a nadie cercano a
ella, porque ¿cómo animaría a esa persona cuando llevaba toda su vida
desanimando a los demás?
La rabia contra la doctora Fornós me dañó durante mucho tiempo,
ahora me da igual. Ya no recuerdo ni su nombre, solo el apellido y conozco a
varias personas que mucho después de aquello la sufrieron y se quejaron
formalmente por su conducta. Ya no me importa. A estas alturas será una anciana
ocupando un mal recuerdo en la mente de muchos de sus pacientes, pero a mí me
da igual. Prefiero pensar que era un escudo que se ponía para no vivir cada uno
de los dramas que pasaban por su consulta.
He conocido fisioterapeutas renegando de la figura del médico
rehabilitador y otros, muy pocos, defendiéndolos, pero ninguno ha sabido
decirme cuál es su labor, más allá de la meramente burocrática. Una firma capaz
de alargar un poquito más el proceso hacia tu bienestar o la sentencia que
confirma que no se puede hacer más. Ahora esto ha cambiado, un poquito, ya
nadie parece dudar de la capacidad de recuperación después del primer año. Son
más sinceros, esa capacidad existe pero te la pagas tú.
Hace 35 años era incluso difícil encontrar un fisioterapeuta
especializado en lesiones neurológicas. Te trataban como si te hubieras roto
una pierna y un brazo. Yo tuve suerte, pero muchos otros no la tuvieron y
recibieron tratamiento como si de una lesión traumatológica se tratara.
En la actualidad, la fisioterapia neurológica la conocemos casi
todos y métodos como Bobath o Perfetti se utilizan a diario en los centros de
rehabilitación. Poco a poco vamos avanzando.
Desconozco la función de estos especialistas hoy en día, yo cuento
lo que viví y no pretendo ofender a nadie, ni quitar méritos. Este es un tema
del que necesitaba hablar por higiene mental.