En las últimas décadas la rehabilitación neurológica ha avanzado por unos derroteros imposibles de imaginar hace cuarenta años. En aquel momento, el método Bobath era el líder y los que acabábamos en manos de un especialista, nos podíamos considerar muy afortunados porque no era lo habitual.
Con los años,
las técnicas de fisioterapia han ido mejorando. Bobath ha sido sobrepasado por
otros métodos, aunque para mí fue y todavía es muy útil. Lo que más llama mi
atención es que se ha pasado de un “no hay que hacer fuerza
porque eso aumenta el tono muscular y por tanto
la espasticidad” a entrenamientos
más propios de gimnasio.
Hoy en día, los
centros de fisioterapia más avanzados utilizan la robótica
aplicada a la rehabilitación neurológica. Imaginad máquinas que nos ponen de
pie y nos sujetan con un arnés para que no
sintamos miedo a caernos, el miedo es nuestro mayor enemigo. Máquinas que miden
la diferencia de longitud de los pasos y nos hacen conscientes de ello. Pues bien, esos
centros, aparte de utilizar los últimos avances tecnológicos y contar con los
que se suponen que son los mejores especialistas, disponen también de gimnasios
repletos de máquinas para entrenar. El lema está en ejercitar lo más posible la
musculatura y la fuerza. Quizá tiene
sentido. Aunque yo creo que cada persona tiene distintas necesidades y cada
momento, también.
Lo más
desconcertante es que el mensaje que siguen dando algunos terapeutas no ha variado
demasiado: Si no consigues recuperarte en lo seis meses siguientes a la lesión,
nunca lo lograrás. Eso es, a los pacientes
se les sigue dando la misma esperanza, NINGUNA. Si te
rebelas contra ello, te dicen que tienes que ser realista,
exactamente igual que hace cuarenta años. Lo importante es que no te atrevas a imaginar
que puedes tener alguna posibilidad. Es absurdo
pensar que existe porque sabemos que las
lesiones neurológicas no se curan.
Pues bien, yo
me niego a creer que no hay otra forma de actuar. Me niego a seguir escuchando
la misma retórica. No os dejéis desanimar por esas palabras. Podrían decir al
menos un “quién sabe…”. Está claro que, en la mayoría de los casos, nunca
podremos dejar la rehabilitación, lo acepto. Pero, que nadie os diga lo que
podréis lograr o no en el futuro y mucho menos aquellos que siguen repitiendo frases obsoletas porque no tienen otras mejores.