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Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.
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jueves, 9 de marzo de 2023

A MI MADRE

 



Hoy hace cincuenta años que un ictus, provocado por una leve lesión de corazón, arrancó de mi vida a la persona que más quería, mi madre. Fue fulminante.

Como me gustaría poder dar marcha atrás en el tiempo y volver a ese último día que pasé a su lado, para abrazarla y decirle cuanto la quiero y cuanto iba a echarla de menos el resto de mi vida. Me costó mucho menos asumir mi hemiplejia que su pérdida. Durante años me dormí cada noche llorando por ella. Cada día la escondía entre los restos petrificados de ese corazón que se me rompió en mil pedazos y seguía adelante sintiéndome el ser más desvalido y triste del mundo, pero sin que nadie lo notara. Tardé más de diez años en poder hablar de ella sin llorar, aún hoy me sigue costando. Y es que era mi mundo entero.

Cuando quince años más tarde me enfrenté a las secuelas que padezco, me aliviaba pensar que ella no estaba allí para sufrirlo conmigo. Sí, no tuvo que enfrentarse a ese dolor. Triste consuelo.

Hoy agradezco  que la vida me regalara un tiempo extra para permanecer al lado de las personas que amo, para disfrutar de la vida que tengo, con lo bueno y lo malo. Ojalá y mi madre hubiera tenido esa oportunidad, para verme crecer, aunque hubiera tenido que lidiar con las consecuencias de ese maldito ictus.

sábado, 12 de marzo de 2022

LO QUE ME HABRÍA GUSTADO QUE ALGUIEN ME DIJERA







He decidido escribir este Blog porque después de casi 35 años viviendo con mi hemiplejia, todavía me surgen preguntas que nadie parece dispuesto a contestar, no sé si por falta de conocimiento, ganas, o porque a fin de cuentas ¿a quién le importa?

Todos aquellos que un día nos despertamos en una cama de hospital con medio cuerpo paralizado y que tuvimos que escuchar mensajes como "esto es para siempre" o "poco se puede hacer" necesitamos algo más que esa desidia o desesperanza transmitida por parte de las personas que nos atienden o acompañan en esa etapa.

Siento que tengo algo que decir sobre esto. He vivido con ello cada día desde 1987. No me quejo, lo he llevado tan bien que muchas personas se sorprenden y a mí me sorprende aún más que eso suceda, no que yo lo lleve bien, que otros piensen e incluso me digan que debería llevarlo peor... y es que aún no había cumplido los 26, muchos piensan “que pena, tan joven”, pero yo me alejo de cualquier sensación de victimismo. Nunca he sentido lástima por mí. Solo lamento que el sistema sanitario se empeñara desde el principio en alejarme de toda esperanza. Lamento haberme dejado convencer de ello, pero eso fue solo culpa mía y de nadie más.

Si has sufrido un ictus o tienes alguien cercano que lo haya sufrido quizá pueda interesarte algo de lo que he aprendido en estos años.

Ante todo, transmitir que se puede hacer mucho, es un desafío diario lleno de miedos, dudas, a veces mucha rabia, pero estamos vivos y nuestro cuerpo necesita que tomemos consciencia de él. Lo más fácil es olvidarse del lado afecto, como si no existiera, lo sé. Yo me olvidé de mi brazo, total ¿para qué? Me pone nerviosa, no consigo resultados. Mejor ignorarlo. No lo hagáis, no permitáis que nadie a vuestro lado lo haga.

Si hoy solo tuviera que elegir un mensaje para vosotros, me quedo con este: No os rindáis nunca.

 

 


LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS: NUESTRO DISCURSO INTERNO

  Hoy os traigo un reto: observar  cómo os habláis. Cómo os veis. Es importante prestar atención a los mensajes que nos enviamos. Nuestro di...