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Mi objetivo es ayudar a quién esté viviendo las secuelas de un ictus. Os cuento mis dudas, miedos y lo que tanto me ha costado aprender, de forma positiva y real.

domingo, 26 de junio de 2022

LO MÁS IMPORTANTE

 


 


¿Qué es lo primero que necesitamos recuperar cuando tenemos secuelas físicas? Esta pregunta solo puede responderla la persona que lo padece. No sé si mi respuesta es la común o habrá quien priorice otras cosas.

Para mí estuvo muy claro desde el principio, alcanzar un grado de autonomía personal que me permitiera ir al baño sola. Ese era mi objetivo y lo que me motivó para luchar desde el primer momento. Sé que para métodos de rehabilitación como Bobath, lo más importante es alcanzar una recuperación óptima antes de empezar a caminar, aunque eso suponga años de silla de ruedas. Yo siempre he priorizado la "independencia" a la perfección de movimiento. Creo que la autonomía personal es básica para nuestra autoestima. Si cada vez que necesitamos ir al baño, tenemos que depender de un celador que nos lleve, puede que nuestra recuperación vaya por buen camino, pero nuestra “dignidad” se verá seriamente afectada.

Dos meses después de la operación que me abocó a la hemiplejia, por fin, di los primeros pasos, sin ayuda, por el pasillo de casa y eso supuso para mí mucho más que cualquier ejercicio de rehabilitación realizado con éxito. Fue el día de Navidad. Nunca lo olvidaré, esos pocos pasos fueron el preludio de mi independencia. Cuando volví al hospital tras las fiestas no tuve que volver a pedir ayuda a nadie para ir al baño ¡Fue mi primer gran logro!

Nadie puede imaginar la satisfacción que se siente al poder realizar algo tan cotidiano, tan natural… Especialmente, cuando eso supone un reto que sentimos casi imposible de alcanzar.

En esa época tenía una frase que me repetía una y otra vez: “Nunca seré un cisne, pero me convertiré en el mejor de los patos.”

Fue mi primera meta, pero habría sido igualmente válido ir en la silla y poderme manejar sola, o ir con un andador o con una muleta. Serviría cualquier cosa siempre y cuando no dependiéramos de otra persona. Sé que a veces no nos quedará más remedio y entonces tendremos que tragarnos nuestro anhelo y asumirlo. La situación de dependencia es, para mí, de las más dolorosas. Nadie quiere verse en esas circunstancias, nadie ¿Y si nos toca? Cada uno lo gestionará como pueda, no hay una forma concreta de hacerlo, pero os garantizo que encontraréis la manera.

Una vez conocí a alguien que me impresionó, Juanjo. Este chico es la persona dependiente más independiente que he conocido. Cuando se acercaba a unas escaleras era capaz de tirarse de su silla de ruedas y reptar antes que permitir que alguien le ayudara. Pedía ayuda para su silla, pero nunca para él. Es el mejor ejemplo de autosuficiencia que conozco. Él lo gestionaba así. A los demás nos parecía exagerado. Lo hacía a su manera y eso hay que respetarlo.

Este post te lo dedico, Juanjo. Hace mucho que no sé nada de ti. Puede que nunca llegues a leerlo, pero para mí fuiste un modelo. No te compadecías. Vivías tu vida aprendiendo. Eres la única persona que conozco que sabe programar en código máquina. Eres único en muchas cosas. Ojalá y sigas ahí. Viviendo y disfrutando.

miércoles, 11 de mayo de 2022

LO QUE ME OCURRIÓ I

 

 


En realidad, yo no sufrí un ictus. Al menos, no de forma natural. Fui diagnosticada de un angioma en el parietal derecho. Me dijeron que me tenían que operar porque había riesgo de derrame. La cirugía, me aseguraron, era la más sencilla que existía de ese tipo. El único riesgo era que durante una temporada corta, podía ser que en momentos concretos, perdiera un poquito el control sobre mi brazo izquierdo, solo eso. Se preveía que en un mes estaría recuperada y me podrían dar el alta. Yo, que soy una ingenua, me lo creí. Puse mi vida en otras manos y me lancé al vacío.

Cuando estaba en la camilla, en la puerta del quirófano me inyectaron algo que  hizo efecto rápido y sentí que ya no había marcha atrás, el control de mi cuerpo ya no me pertenecía. Me agobié bastante…

Recuerdo la luz intensa, la mascarilla que me pusieron para dormirme, las voces de las personas que estaban allí y… nada más. Lo siguiente que me viene a la mente es la UVI, no sé cuánto tiempo había pasado. En ese intervalo fui operada dos veces. Me contaron que veinticuatro horas después de la primera cirugía, sí, esa que era imprescindible para evitar un ictus, pasó justo eso que pretendían evitar. ¡Ironías de la vida! Nunca sabré si la hemiplejia se produjo en la primera o en la segunda operación, esa que ya lo único que pretendía era salvarme la vida, evitar que entrara en coma.

Tampoco sé cuándo fui consciente de lo ocurrido. Solo pensaba que me habían dicho que era “pasajero” eso fue lo que me salvó, creer que en un mes estaría bien.

Escribir sobre esto me remueve por dentro, me hace revivir los peores momentos de mi vida y me hace sentir estúpida por haber confiado en quien no debía.

En todo este tiempo, no sé la cantidad de veces que he pensado en lo genial que habría sido no despertar nunca. Sí, yo también tengo mis días malos. Ocurren de vez en cuando, pero se pasan. Se pasan porque siempre, incluso en los peores momentos, hay algo bueno. Yo he decidido creer en esto. Por ejemplo, recuerdo la UVI como un sitio acogedor, se estaba bien, pero el tiempo pasaba muy lento. Las enfermeras eran muy amables, cada vez que les preguntaba la hora me respondían con cariño “han pasado cinco minutos desde que lo preguntaste por última vez” y así pasaron varios  días interminables.

Apenas recuerdo a mi familia en esos momentos. Ellos sí que se sentían desesperados. Les habían dicho que existía la posibilidad de que no los reconociera... ¿De verdad?, ¿cómo se pasa de la operación de cerebro más fácil a esto? Esto es lo que siempre me he preguntado.

Afortunadamente los conocí a todos, mis facultades mentales “parecían” intactas.

Un día pedí el periódico y permitieron que me lo llevaran. A pesar de tener mis gafas, noté que no veía bien. Leer tampoco me resultaba fácil. Era como si todas mis capacidades se hubieran ralentizado.

Cuando finalmente me llevaron a la habitación, entonces fue cuando vi que mis problemas físicos eran mucho más graves de lo que imaginaba. No me mantenía sentada. Tenía todo el lado izquierdo paralizado. Al hablar a veces me trababa, era como si mi pensamiento fuera más rápido que mi voz. Me había convertido en una muñeca de trapo...

sábado, 30 de abril de 2022

LA IMPORTANCIA DE LA FAMILIA Y LOS AMIGOS

 

 

No esperéis que todo el mundo a vuestro alrededor esté ahí para animaros. Desde el primer instante sabréis quien está y quién no. Habrá momentos de absoluta soledad y vacío. Pero, los que estén os apoyarán de forma incondicional. 

Yo fui muy afortunada, lo sé. Mi marido siempre estuvo presente y no es fácil. Las enfermeras de mi planta me contaban que no es raro que la pareja se marche. Yo no juzgaría a nadie por ello. ¿Quién sabe cómo reaccionaríamos cualquiera de nosotros si nos pasara algo así? Es imposible saberlo a priori. ¡En nuestro caso éramos tan jóvenes! Mi marido no había cumplido aún los veinticuatro y yo iba a cumplir veintiséis. Fue una prueba dura, durísima.

Imagino que cuando esto ocurre en la tercera edad, aunque no sea más fácil, sí, podemos estar más preparados para las adversidades, pero nosotros no lo estábamos. Nos vimos “obligados” a pasar cuatro meses en la planta de neurocirugía de un hospital, enfrentándonos a situaciones que nos venían muy grandes, demasiado.

Creo que si hubiera sabido con antelación que iba a vivir una experiencia como esa, no lo habría podido resistir. Pero, lo cierto es que esto me ha hecho más fuerte. Sé que el ser humano se adapta a casi cualquier cosa. Podemos con mucho más de lo que imaginamos y es peor pensarlo que vivirlo. Garantizado.

Así que, si alguien está pasando una situación similar que no desespere. La vida nos va enseñando poco a poco a lidiar con todo aquello que pensamos que nunca soportaríamos y por muy duro que sea, siempre habrá alguien a nuestro lado para ayudarnos a seguir. 

Recuerdo el día de nuestro primer aniversario de boda. Un día para celebrar. Vuelvo a ver a JA en aquel pasillo del hospital Ramón y Cajal, diciéndome que levantara la cabeza, que yo seguía siendo yo, aún en esa silla de ruedas. Me dijo que nunca bajara la mirada, nunca. Esta escena siempre ha estado ahí, en mi memoria. Estas palabras son ahora para todos los que estéis viviendo algo similar. Hoy os digo: Esto no es el final.

Es cierto, siempre he sido yo. Cuando iba por la vida a toda prisa y bajaba las escaleras del metro de dos en dos y después, a cámara lenta. Aprendiendo a moverme de nuevo.

 

miércoles, 30 de marzo de 2022

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS MÉDICOS REHABILITADORES?

 


 

¿Alguien se ha hecho esta pregunta alguna vez? Me consta que sí. Yo vivía obsesionada con ello. No entendía que mi rehabilitación dependiera de una persona a la que llamaban médico rehabilitador y que esa persona tuviera en sus manos el futuro de mi recuperación. Al año me anunció de una forma muy poco empática que aquello había terminado. Eso era todo lo que iba a conseguir. No había nada más que hacer. Únicamente conseguiría adaptarme mejor a mi nueva situación.

Me fui de aquella consulta desolada. Me recuerdo en el taxi de vuelta a casa con un nudo en la garganta y rota, totalmente rota. Sé que me enfadé con ella, le recriminé la forma tan inhumana con la que me había tratado durante esos meses. Me acuerdo de su tono burlón cuando me decía: “Cuando es el abuelito, pobre abuelito y cuando es el joven, ¿qué va ser de él, pobre? Pero cuanto antes veas la realidad, mejor para ti.”

Sé que le deseé que nunca le ocurriera algo así a nadie cercano a ella, porque ¿cómo animaría a esa persona cuando llevaba toda su vida desanimando a los demás?

La rabia contra la doctora Fornós me dañó durante mucho tiempo, ahora me da igual. Ya no recuerdo ni su nombre, solo el apellido y conozco a varias personas que mucho después de aquello la sufrieron y se quejaron formalmente por su conducta. Ya no me importa. A estas alturas será una anciana ocupando un mal recuerdo en la mente de muchos de sus pacientes, pero a mí me da igual. Prefiero pensar que era un escudo que se ponía para no vivir cada uno de los dramas que pasaban por su consulta.

He conocido fisioterapeutas renegando de la figura del médico rehabilitador y otros, muy pocos, defendiéndolos, pero ninguno ha sabido decirme cuál es su labor, más allá de la meramente burocrática. Una firma capaz de alargar un poquito más el proceso hacia tu bienestar o la sentencia que confirma que no se puede hacer más. Ahora esto ha cambiado, un poquito, ya nadie parece dudar de la capacidad de recuperación después del primer año. Son más sinceros, esa capacidad existe pero te la pagas tú.

Hace 35 años era incluso difícil encontrar un fisioterapeuta especializado en lesiones neurológicas. Te trataban como si te hubieras roto una pierna y un brazo. Yo tuve suerte, pero muchos otros no la tuvieron y recibieron tratamiento como si de una lesión traumatológica se tratara.

En la actualidad, la fisioterapia neurológica la conocemos casi todos y métodos como Bobath o Perfetti se utilizan a diario en los centros de rehabilitación. Poco a poco vamos avanzando.

Desconozco la función de estos especialistas hoy en día, yo cuento lo que viví y no pretendo ofender a nadie, ni quitar méritos. Este es un tema del que necesitaba hablar por higiene mental.

martes, 15 de marzo de 2022

ANDAR HACIA ATRÁS

 

 

 



He tardado más de 30 años en descubrir uno de los mejores ejercicios que existen para el pie caído, típico en las hemiplejias: andar hacia atrás. Con la práctica de esta actividad conseguimos que el pie se caiga cada vez menos. Al llevarlo hacia atrás, la punta del pie es la primera en tocar el suelo, de forma natural. Esto repetido día tras día nos puede ayudar mucho en la marcha.

No dejéis de probarlo, con cuidado, claro. Lo ideal es tener a una persona al lado, o, en su defecto, realizar el ejercicio en un pasillo para que las paredes nos den seguridad o cerca de muebles en los que nos podamos apoyar si perdemos el equilibrio.

sábado, 12 de marzo de 2022

LO QUE ME HABRÍA GUSTADO QUE ALGUIEN ME DIJERA







He decidido escribir este Blog porque después de casi 35 años viviendo con mi hemiplejia, todavía me surgen preguntas que nadie parece dispuesto a contestar, no sé si por falta de conocimiento, ganas, o porque a fin de cuentas ¿a quién le importa?

Todos aquellos que un día nos despertamos en una cama de hospital con medio cuerpo paralizado y que tuvimos que escuchar mensajes como "esto es para siempre" o "poco se puede hacer" necesitamos algo más que esa desidia o desesperanza transmitida por parte de las personas que nos atienden o acompañan en esa etapa.

Siento que tengo algo que decir sobre esto. He vivido con ello cada día desde 1987. No me quejo, lo he llevado tan bien que muchas personas se sorprenden y a mí me sorprende aún más que eso suceda, no que yo lo lleve bien, que otros piensen e incluso me digan que debería llevarlo peor... y es que aún no había cumplido los 26, muchos piensan “que pena, tan joven”, pero yo me alejo de cualquier sensación de victimismo. Nunca he sentido lástima por mí. Solo lamento que el sistema sanitario se empeñara desde el principio en alejarme de toda esperanza. Lamento haberme dejado convencer de ello, pero eso fue solo culpa mía y de nadie más.

Si has sufrido un ictus o tienes alguien cercano que lo haya sufrido quizá pueda interesarte algo de lo que he aprendido en estos años.

Ante todo, transmitir que se puede hacer mucho, es un desafío diario lleno de miedos, dudas, a veces mucha rabia, pero estamos vivos y nuestro cuerpo necesita que tomemos consciencia de él. Lo más fácil es olvidarse del lado afecto, como si no existiera, lo sé. Yo me olvidé de mi brazo, total ¿para qué? Me pone nerviosa, no consigo resultados. Mejor ignorarlo. No lo hagáis, no permitáis que nadie a vuestro lado lo haga.

Si hoy solo tuviera que elegir un mensaje para vosotros, me quedo con este: No os rindáis nunca.

 

 


LA IMPORTANCIA DE LAS PALABRAS: NUESTRO DISCURSO INTERNO

  Hoy os traigo un reto: observar  cómo os habláis. Cómo os veis. Es importante prestar atención a los mensajes que nos enviamos. Nuestro di...