¿Habéis
pensado alguna vez que vuestra vida sería más fácil en un mundo sin barreras arquitectónicas? No hablo de la vida en áreas naturales, por supuesto, eso no lo cambiaría. Si mis
limitaciones físicas me impiden subir a una montaña, lo acepto. Nunca adaptaría
la naturaleza en mi beneficio.
Las zonas urbanas son diferentes, desde mi punto de vista, tienen
que estar adaptadas a las personas que habitan en ellas. No cambiaría, ni
adaptaría edificios emblemáticos, históricos, etc. Aunque en mi país, la
mayoría de estos lugares cuentan con rampas de acceso que no alteran la
arquitectura original, pero cualquier otro tipo de construcción actual debe ser
accesible para todos. Viviendas, edificios públicos, parques
en zonas metropolitanas, todo aquello construido por el ser humano para el uso
de las personas.
¿Alguna vez
os habéis enfrentado a rampas imposibles o a
escaleras sin barandillas en ambos lados? Y ¿Qué me decís
del ancho de las puertas? Por algunas no pasa una silla de ruedas.
Recuerdo que
la primera vez que fui a casa antes de que me dieran el alta, mi suegra
consiguió que nos dejaran llevarnos la silla del hospital, no sirvió de mucho.
La silla entró en el salón y en ninguna otra estancia, no cabía por ninguna
otra puerta.
Ahora
construyen bloques de pisos en los que la planta baja se dedica a “personas con movilidad reducida” se supone que estas
viviendas son totalmente accesibles.
Afortunadamente,
hoy en día, al menos en el lugar donde yo vivo, la diversidad funcional
se tiene en cuenta a la hora hacer las planificaciones urbanísticas.
Nuestra sociedad va dando pequeños pasos para hacernos la vida un poquito más
cómoda. Doy las gracias por ello.