¿Sabéis qué
era lo que más me preocupaba antes de la operación? Perder mi melena, sí, esa
era mi mayor inquietud. No le tenía miedo al quirófano, no me cuestionaba el
postoperatorio, no, nada de eso me importaba. Solo mi pelo. Qué absurdo
¿verdad? Qué inconsciente. No era capaz de ver nada más allá de mi aspecto
físico. Imaginad como me habría sentido si hubiera sabido lo que me iba a
ocurrir. Creo que habría preferido desaparecer antes que enfrentarme a ello.
El día antes
de la operación el peluquero entró en mi cuarto. Cuando lo vi, empecé a llorar,
no había consuelo para mí. Era un joven un poco más mayor que yo, no sabía cómo
animarme. No sabía qué decir. Me preguntó por mis estudios y resultamos ser
colegas. Habíamos estudiado lo mismo, él trabajaba en el hospital mientras
encontraba otra cosa más afín.
Así, fue
rapando mi cabeza. Cuando terminó tiró mi pelo a la papelera, me cubrió la
cabeza con una malla blanca y después me dijo que me mirara al espejo, que me
quedaba genial y en parte, tenía razón. Si eso hubiera sido todo, no habría
estado mal. Mi suegra se encargó de rescatar mi melena e hizo una trenza con
ella, una trenza solitaria, despegada de mí, ya no me pertenecía. La guardó. Yo
no he vuelto a verla.
José Luis,
que así se llamaba el peluquero, fue a visitarme cada día hasta que me dieron
el alta. Me hizo mucha compañía en algunos momentos, a veces llegaba a la hora
de comer y, si estaba sola, me ayudaba a cortar la carne o me pelaba la
naranja, me llenaba el vaso de agua y charlábamos mientras yo comía. Le
agradezco mucho todos esos momentos en los que daba cierta normalidad a mi vida
hablando de temas que nada tenían que ver con el hospital.
Mi pelo
volvió a crecer, volví a tener mi melena, eso lo recuperé casi sin darme
cuenta, como os podéis imaginar ya no me importaba, mis valores cambiaron. No
es que ahora no me importe el aspecto físico, cuidarse es básico y nos ayuda a
recuperarnos mejor pero valoro otras cosas que quizá antes ni siquiera me
planteaba. Para mí, lo más importante es la salud. Si nos sentimos fuertes, nos
veremos bien.