Desde mi punto de vista, el equilibrio es uno de los aspectos más importantes en nuestra rehabilitación. Si lo conseguimos, evitaremos caídas y nos
sentiremos más seguros a la hora de caminar. Cuando carecemos de él, el miedo
se apodera de nosotros.
Es normal que al principio la
estabilidad no sea óptima. Ya os comenté que yo ni siquiera me mantenía
sentada. Eso puede ir cambiando a medida que recibimos rehabilitación. En mi
caso, logré mantenerme sentada en unas semanas, pero era agotador. Alguien que
no se haya enfrentado a ello no sabe lo cansado que puede ser estar en sedestación. Para mí, asistir a una comida familiar, por
ejemplo, y tener que estar sentada dos horas era muy difícil. Mis fuerzas me
abandonaban y solo quería volver a la cama. Esos momentos eran desalentadores,
pero pasaron y, poquito a poco, mis fuerzas aparecieron.
La buena noticia es que el equilibrio
se puede entrenar.
Hay innumerables ejercicios que podemos realizar, dependiendo de la etapa de
recuperación en la que nos encontremos. El entrenamiento diario es
fundamental. Nunca dejaré de animaros para que cada día ejercitéis vuestras
distintas habilidades. Cualquier cosa que hagáis con plena consciencia
os ayudará en el proceso.
Un ejercicio sencillo puede ser
intentar mantenernos de pie en una buena posición. Podéis estar apoyados en
alguien o algo. Si estáis en la fase
previa a la bipedestación, podéis entrenar sentados en una silla.
Pero ¡ojo! Tened mucho cuidado. Hace unos meses me caí por falta de cautela. La seguridad
tiene que primar por encima de todo. No lo olvidéis. No practiquéis nunca sin estar
cerca de una persona o algo donde os podáis agarrar en caso necesario. Nunca os
confiéis, como hice yo. Una caída puede ser un retroceso físico y anímico.