Si hay una habilidad que nos da sensación de independencia, es la
capacidad de manejar un vehículo. Los problemas físicos parecen menores cuando
nos podemos subir a un coche y nos movemos a la misma velocidad que los demás.
Cuando me examiné del carnet de conducir tenía veintiún años. Yo no
estaba muy interesada, pero mi padre me convenció para que lo hiciera (gracias papá). En aquel
momento, no es que no me pareciera útil, pero yo me movía por la ciudad en
transporte público y, cuando las distancias lo permitían, caminaba. Me
encantaba andar, recorría distancias considerables a pie, con un ritmo bastante
rápido.
Tras la hemiplejia perdí no solo la posibilidad de moverme deprisa,
tampoco podía usar el autobús o el metro, no me atrevía; aún así, volver a conducir,
no era una opción para mí.
No sé cómo será en otros países, en España, la normativa dice que si
cambian las condiciones físicas de una persona, esta tendrá que pasar por una
revisión médica, que será la que dictamine las adaptaciones que tendrá que llevar
el coche y pasar un nuevo examen práctico. Ni me lo planteé al principio. De
hecho, cuando mi carnet caducó ni siquiera intenté renovarlo, lo dejé pasar sin
más. En esa época ya había vuelto a usar el metro, esto me daba la movilidad
que yo necesitaba para desplazarme por mi ciudad de forma autónoma.
Sin embargo, todo cambió cuando decidimos trasladarnos a la periferia.
Tener que volver a pasar ese examen me inquietaba, pero finalmente lo hice ya
que los beneficios que me reportaría serían muy superiores a esa incomodidad.
Todos aquellos con niños en casa saben que hay una época en la que
nuestros hijos necesitan que los llevemos no solo al cole, también al médico, a
las diferentes actividades extraescolares, a fiestas de cumpleaños, etc. Los
niños tienen una vida social intensa y tenía que estar preparada para ello. Una
vez más mi hijo se convertía en el motor de mi vida.
Volver a conducir fue un nuevo desafío y me dio la oportunidad de moverme por mi pequeña ciudad de una forma cómoda. Puedo ir donde necesite, quedar con amigas, ir al médico, asistir a las sesiones de rehabilitación, a Pilates, cualquier desplazamiento es factible gracias a mi coche. Al principio, me parecía imposible, como muchas otras cosas. Dejemos de ponernos barreras y avancemos paso a paso hasta donde la vida nos lleve.